Repuestos críticos en mantenimiento industrial: cuando la máquina está parada y la pieza no está
Hay momentos en mantenimiento industrial en los que el diagnóstico de una avería produce alivio.
La máquina se ha parado. Producción espera. El responsable de línea pregunta cuánto tiempo vamos a tardar. Los técnicos empiezan a revisar el equipo y, después de unos minutos o quizá de unas horas, encuentran el problema.
Ya sabemos qué ha fallado.
En muchas ocasiones, ese es el momento en el que parece que la situación empieza a estar controlada. Se ha localizado el componente averiado, sabemos cómo sustituirlo y conocemos perfectamente el trabajo que hay que realizar para volver a poner la instalación en funcionamiento.
Hasta que alguien pregunta:
¿Tenemos el repuesto?
Y entonces comienza una segunda avería.
No está en el almacén.
Se consulta el GMAO. Se revisa la estantería. Alguien recuerda que hace unos meses había uno. Otro técnico comenta que posiblemente se utilizó en la última intervención. Se llama al proveedor.
Y llega la respuesta que nadie quiere escuchar con una línea detenida:
Plazo de entrega: tres semanas.
A partir de ese instante, el problema deja de ser exclusivamente técnico.
El componente que ha fallado puede costar 300, 1.000 o 3.000 euros. Sin embargo, la ausencia de ese componente puede mantener detenida durante horas o días una instalación cuyo coste de parada es infinitamente superior.
Probablemente pocas situaciones expliquen mejor la importancia de gestionar correctamente los repuestos críticos en mantenimiento industrial.
Porque disponer de repuestos no consiste en llenar un almacén de piezas.
Tampoco consiste en intentar tener una unidad de cada componente instalado en fábrica. Sería económicamente absurdo y, en muchas plantas, materialmente imposible.
La cuestión realmente importante es otra:
¿Qué piezas no podemos permitirnos descubrir que nos faltan cuando las necesitamos?
Esa pregunta parece sencilla, pero responderla correctamente exige conocer la planta, entender sus equipos, analizar las consecuencias de una parada, estudiar los plazos reales de suministro y asumir algo que quienes llevamos años relacionados con el mantenimiento conocemos bien: dos repuestos con el mismo precio pueden tener una importancia completamente diferente.
Un rodamiento relativamente económico puede detener una instalación durante días.
Un motor de varios miles de euros puede encontrarse disponible en cualquier distribuidor de la zona y llegar a fábrica en unas horas.
El precio de una pieza, por tanto, no determina necesariamente su criticidad.
Lo que realmente importa es qué sucede si falla y cuánto tardamos en recuperar la capacidad de producir.
Y ahí comienza la verdadera gestión de los repuestos en mantenimiento industrial.
Índice de contenidos
- Qué es realmente un repuesto crítico
- El error de confundir repuesto caro con repuesto crítico
- El plazo de suministro forma parte de la avería
- El GMAO y la gestión de los repuestos
- La estandarización como estrategia de mantenimiento
- Obsolescencia y repuestos críticos
- El coste del repuesto frente al coste del riesgo
- Cómo identificar los repuestos críticos
- Repuestos críticos y mantenimiento preventivo
El almacén de mantenimiento no debería ser un museo
Hay almacenes de mantenimiento que cuentan buena parte de la historia de una fábrica.
En sus estanterías podemos encontrar componentes de máquinas que llevan años fuera de servicio, motores procedentes de modificaciones antiguas, sensores cuya referencia ya nadie reconoce, reductores recuperados, contactores utilizados en instalaciones desaparecidas y cajas en las que alguien escribió hace quince años el nombre de una máquina que quizá ya ni siquiera existe.
Muchas de esas piezas llegaron allí por razones perfectamente justificadas.
Se compraron para una intervención, formaban parte del stock recomendado por un fabricante, quedaron disponibles después de una modificación o alguien decidió conservarlas porque podían resultar útiles en el futuro.
El problema aparece cuando ese futuro nunca llega.
Mientras tanto, el almacén continúa creciendo.
Este fenómeno es relativamente frecuente en mantenimiento industrial porque existe una diferencia importante entre comprar un repuesto y decidir que ha dejado de ser necesario.
Lo primero suele resultar fácil de justificar.
Lo segundo exige asumir una responsabilidad.
Pocas personas quieren ser quienes autoricen retirar una pieza del almacén para descubrir seis meses después que podría haberse utilizado. Como consecuencia, muchos departamentos desarrollan una tendencia natural a conservar.
“Déjalo, que algún día puede hacer falta.”
Y algunas veces hace falta.
Pero muchas otras no.
El resultado puede ser paradójico: almacenes con cientos de miles de euros inmovilizados en repuestos y, al mismo tiempo, incapacidad para resolver una avería porque precisamente la pieza necesaria no está disponible.
Por eso medir la calidad de un almacén por su volumen o por su valoración económica conduce a conclusiones equivocadas.
Un buen almacén de mantenimiento no es el que tiene muchas piezas.
Es el que tiene las piezas adecuadas.
Y determinar cuáles son esas piezas obliga a hablar de criticidad.
Qué es realmente un repuesto crítico
La expresión repuesto crítico se utiliza con frecuencia, pero no siempre significa lo mismo para todos.
Una definición práctica podría ser esta:
Un repuesto crítico es aquel cuya ausencia puede prolongar de forma significativa las consecuencias de un fallo que la organización no está dispuesta a asumir.
La palabra importante no es repuesto.
Es consecuencia.
Imaginemos dos motores eléctricos.
El primero cuesta 800 euros. Es una configuración especial, tiene un eje determinado, una brida poco habitual y el fabricante establece un plazo de suministro de ocho semanas. Su fallo detiene completamente una línea sin posibilidad de trabajar con otro equipo.
El segundo cuesta 4.000 euros, pero responde a una configuración estándar. Hay varios distribuidores capaces de suministrarlo en 24 horas y, además, existen otros motores idénticos instalados en equipos que pueden detenerse temporalmente si fuera imprescindible.
¿Cuál deberíamos tener en stock?
Si utilizáramos únicamente el precio como criterio, probablemente elegiríamos mal.
La criticidad de un repuesto debería analizar al menos cuatro elementos: consecuencia del fallo, probabilidad de necesitarlo, plazo de reposición y existencia de alternativas.
Y esos cuatro elementos están relacionados.
Una pieza con un plazo de suministro de seis meses puede no ser crítica si el equipo dispone de redundancia completa.
Una pieza disponible en 24 horas puede ser extremadamente crítica si cada hora de parada supone una pérdida muy elevada y no existe ninguna alternativa de funcionamiento.
Por eso la gestión de repuestos no debería separarse de la estrategia general de mantenimiento industrial.
El almacén no es únicamente una función logística.
Es una herramienta de disponibilidad.
El error de confundir repuesto caro con repuesto crítico
Es uno de los errores más habituales.
Cuando se plantea qué componentes debemos conservar, tendemos a prestar atención primero a los de mayor valor económico. Es comprensible. Tener una pieza de 20.000 euros inmovilizada durante años exige una explicación.
Sin embargo, desde el punto de vista de mantenimiento, deberíamos formular la pregunta al revés.
No:
¿Cuánto cuesta tener esta pieza?
Sino:
¿Cuánto puede costarnos no tenerla?
La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente el análisis.
Supongamos que una pequeña tarjeta electrónica cuesta 900 euros. No existe un sustituto compatible, el fabricante tarda diez semanas en suministrarla y controla una instalación que condiciona toda la producción.
Mantener esos 900 euros inmovilizados puede parecer un coste.
Hasta que la tarjeta falla.
En ese momento, los 900 euros dejan de ser el problema.
El problema son las diez semanas.
Este tipo de situaciones explica por qué el análisis de repuestos críticos debe realizarse conjuntamente con la criticidad de los equipos.
No todas las máquinas tienen la misma importancia para el proceso y, dentro de una misma máquina, tampoco todos sus componentes presentan el mismo riesgo.
Podemos disponer de un equipo extraordinariamente costoso cuyos componentes principales sean estándar y fáciles de conseguir. Y podemos tener una máquina aparentemente secundaria con un pequeño elemento específico capaz de detener una parte esencial del proceso.
La experiencia enseña que la criticidad suele esconderse precisamente en esos detalles.
Una máquina crítica no convierte en críticos todos sus repuestos
Este es el siguiente error.
Una vez identificamos una máquina como crítica, existe la tentación de considerar críticos todos sus componentes.
Si actuáramos así, el inventario crecería rápidamente.
Una línea de producción puede contener cientos o miles de referencias. Tener un recambio de cada elemento sería inviable y, sobre todo, innecesario.
La clasificación debería realizarse componente a componente.
Pensemos en una máquina crítica que incorpora motores estándar, rodamientos comerciales, sensores habituales y, sin embargo, utiliza una tarjeta de control propietaria diseñada específicamente por el fabricante.
La máquina es crítica.
Pero eso no significa necesariamente que debamos almacenar todos sus motores, rodamientos y sensores si podemos obtenerlos rápidamente.
La tarjeta electrónica merece un análisis diferente.
Aquí aparece uno de los principios más importantes en la gestión de repuestos:
La criticidad del activo nos indica dónde mirar. La criticidad del repuesto nos indica qué debemos proteger.
Esta distinción permite reducir considerablemente los inventarios sin aumentar el riesgo.
Y ese debería ser uno de los objetivos de cualquier estrategia madura de mantenimiento industrial: reducir coste sin reducir disponibilidad.
El plazo de suministro forma parte de la avería
Durante años hemos tendido a considerar el tiempo de reparación como el periodo que los técnicos necesitan para intervenir sobre una máquina.
Pero desde el punto de vista de producción, esa distinción importa poco.
Si una máquina permanece parada durante cuatro días porque esperamos una pieza, la instalación ha estado indisponible cuatro días.
Aunque el trabajo técnico haya durado veinte minutos.
Por eso, cuando analizamos el MTTR —tiempo medio de reparación— o estudiamos las consecuencias de determinados fallos, conviene incorporar una realidad que a veces queda escondida:
La logística también repara máquinas.
O las mantiene paradas.
Un mantenimiento excelente puede diagnosticar un fallo en minutos y disponer de técnicos perfectamente preparados para solucionarlo. Pero si el componente tarda tres semanas en llegar, toda esa capacidad técnica queda condicionada por la cadena de suministro.
Muchos equipos industriales incorporan componentes electrónicos específicos, variadores, PLC, servomotores, pantallas HMI o módulos propietarios cuyo suministro no siempre es inmediato. A ello se suma la dependencia de cadenas logísticas cada vez más amplias.
En este contexto, conocer el plazo real de suministro de los repuestos críticos debería formar parte de cualquier plan de mantenimiento industrial.
Y hablamos del plazo real.
No del que figura en una ficha que nadie ha actualizado en cinco años.
Hay repuestos que deberían revisarse antes de que fallen
Cuando hablamos de mantenimiento preventivo pensamos normalmente en máquinas.
Pero algunos repuestos almacenados también necesitan mantenimiento.
Una batería envejece.
Un elastómero puede degradarse.
Determinados componentes electrónicos sufren con la humedad, la temperatura o largos periodos de almacenamiento.
Un motor almacenado durante años puede requerir determinadas condiciones de conservación.
Un rodamiento mal almacenado puede deteriorarse antes incluso de haber trabajado una sola hora.
Por eso disponer físicamente de un repuesto no significa necesariamente que podamos utilizarlo.
Esta situación es especialmente delicada cuando hablamos de repuestos críticos.
Descubrir que tenemos la pieza y comprobar, cuando vamos a montarla, que no está en condiciones puede ser casi tan grave como no tenerla.
El almacenamiento debe formar parte de la estrategia.
Condiciones ambientales, embalaje, rotación, revisiones periódicas, identificación y conservación deberían definirse en función del tipo de componente.
Incluso puede resultar conveniente probar periódicamente determinados equipos de sustitución.
Un repuesto crítico que lleva ocho años en una estantería debería inspirarnos algo más que tranquilidad.
Debería inspirarnos una pregunta:
¿Estamos seguros de que funcionará cuando lo necesitemos?
El GMAO debería saber mucho más que cuántas piezas tenemos
Un buen GMAO puede convertirse en una herramienta extraordinariamente útil para gestionar repuestos.
Pero únicamente si la información que contiene es fiable.
La diferencia entre el stock informático y el stock real ha protagonizado más de una situación incómoda en mantenimiento.
El sistema dice que existen dos unidades.
La estantería dice que ninguna.
Normalmente existe una explicación.
Una pieza se retiró durante una urgencia y nadie registró el movimiento. Otra se utilizó en una intervención nocturna. Quizá una unidad está físicamente en el taller pendiente de decidir si puede repararse.
Desde un punto de vista administrativo pueden parecer pequeños errores.
Desde el punto de vista de disponibilidad son enormes.
Una pieza que aparece en el GMAO pero no existe físicamente es peor que una pieza que sabemos que no tenemos.
En el segundo caso podemos actuar.
En el primero creemos estar protegidos cuando realmente no lo estamos.
Pero el GMAO debería hacer bastante más que contabilizar unidades.
Debería relacionar el repuesto con los equipos que lo utilizan, indicar proveedores alternativos, registrar plazos de suministro, establecer stocks mínimos, conocer consumos históricos y generar avisos cuando determinadas referencias alcanzan niveles que comprometen la disponibilidad.
Y, sobre todo, debería permitir aprender.
Si durante cinco años nunca hemos utilizado una determinada pieza y podemos obtenerla en 24 horas, quizá deberíamos cuestionar por qué seguimos almacenándola.
Si otra referencia se consume tres veces al año y continuamente llegamos al stock mínimo, quizá debamos revisar su nivel de reposición.
Los datos del almacén también cuentan historias.
Hay que escucharlas.
Stock mínimo no significa “una unidad”
Existe una tendencia comprensible a definir el stock mínimo de muchos repuestos críticos en una unidad.
Tenemos uno.
Por tanto, estamos cubiertos.
No necesariamente.
Para establecer un stock adecuado debemos considerar al menos el consumo histórico, la tasa de fallo, el número de equipos que utilizan esa referencia y el plazo de reposición.
Imaginemos que una planta tiene veinte equipos que utilizan el mismo sensor.
Históricamente se sustituyen seis sensores al año.
El proveedor tarda dos meses en servirlos.
¿Una unidad proporciona una cobertura razonable?
Probablemente deberíamos analizarlo con más detalle.
Ahora pensemos en una pieza que solo existe en una máquina, nunca ha fallado en diez años y tiene un plazo de suministro de 48 horas.
Quizá almacenar una unidad no sea necesario.
El stock mínimo no debería establecerse por intuición ni por costumbre.
Debería ser consecuencia del riesgo.
Esto también significa que los niveles deben revisarse.
Las condiciones cambian.
Puede aumentar el número de máquinas que utilizan una referencia. Un proveedor puede reducir sus plazos. Un fabricante puede anunciar el fin de vida de un producto. Una pieza que antes era estándar puede convertirse en difícil de encontrar.
La gestión de repuestos críticos, como el propio mantenimiento industrial, no puede diseñarse una vez y darse por terminada.
La estandarización es una estrategia de mantenimiento
Una de las formas más eficaces de reducir el número de repuestos necesarios no comienza en el almacén.
Comienza cuando compramos máquinas.
Si cada nuevo equipo incorpora motores diferentes, sensores diferentes, variadores diferentes, PLC diferentes y componentes de fabricantes distintos, el catálogo de repuestos crecerá inevitablemente.
A corto plazo puede parecer irrelevante.
A largo plazo se convierte en un problema.
La estandarización de componentes tiene un impacto enorme en mantenimiento industrial.
Utilizar familias comunes de motores, sensores, rodamientos, elementos neumáticos o componentes eléctricos permite compartir repuestos entre diferentes instalaciones.
Esto reduce inventario, simplifica compras, facilita la formación de los técnicos y aumenta las posibilidades de encontrar soluciones durante una emergencia.
Por eso mantenimiento debería participar en las decisiones de adquisición de nuevos equipos.
El precio de compra de una máquina es solo una parte de su coste.
También deberíamos preguntarnos:
- ¿Qué componentes utiliza?
- ¿Cuáles son propietarios?
- ¿Tenemos ya referencias compatibles en fábrica?
- ¿Qué plazo de suministro tienen?
- ¿Qué stock recomienda el fabricante?
- ¿Durante cuántos años garantiza los repuestos?
- ¿Podremos sustituir determinados componentes por alternativas estándar?
Son preguntas que pueden parecer secundarias durante una inversión.
Dejan de parecerlo cuando la máquina lleva cinco años funcionando y el fabricante comunica que un componente esencial ha quedado obsoleto.
La obsolescencia puede convertir mañana un repuesto normal en crítico
La criticidad no es permanente.
Un componente que hoy podemos comprar en cualquier distribuidor puede convertirse en problemático dentro de unos años.
Esto resulta especialmente evidente en automatización.
PLC, variadores, servodrives, pantallas, ordenadores industriales y determinados sistemas electrónicos tienen ciclos de vida comerciales mucho más cortos que las máquinas en las que están instalados.
Una máquina puede trabajar veinte o treinta años.
Parte de su electrónica quizá no permanezca en catálogo ni la mitad de ese tiempo.
Cuando un fabricante anuncia el fin de vida de una familia de productos se abre una decisión importante.
Podemos adquirir unidades de reserva.
Podemos estudiar una migración.
Podemos buscar alternativas compatibles.
O podemos no hacer nada.
Esta última opción también es una decisión, aunque no siempre se perciba como tal.
Significa aceptar que el día que falle ese componente empezaremos a buscar una solución con la máquina parada.
La gestión de obsolescencia debería formar parte de cualquier estrategia seria de mantenimiento industrial.
Especialmente en equipos críticos.
Canibalizar otra máquina: una solución que a veces funciona y otras crea dos problemas
Quienes llevan tiempo trabajando alrededor de plantas industriales conocen esta escena.
Necesitamos una pieza.
No tenemos repuesto.
Pero hay otra máquina parada que utiliza exactamente el mismo componente.
La solución aparece inmediatamente:
“Se lo quitamos.”
En determinadas circunstancias puede ser una decisión perfectamente razonable.
La canibalización de componentes puede permitir recuperar rápidamente un equipo crítico utilizando otro de menor prioridad.
El problema aparece cuando la excepción se convierte en estrategia.
Una pieza se retira de una máquina y se monta en otra. La primera queda incompleta. Semanas después alguien necesita recuperarla y descubre que falta el componente. Nadie recuerda exactamente dónde terminó.
Empieza entonces una especie de deuda técnica dentro de la planta.
Equipos que parecen completos pero no lo están.
Componentes que cambian de ubicación sin trazabilidad.
Máquinas fuera de servicio convertidas poco a poco en almacenes informales.
La canibalización puede resolver una emergencia.
Pero debería registrarse exactamente igual que cualquier movimiento de almacén.
De lo contrario, estaremos solucionando el problema de hoy a costa de ocultar el de mañana.
Los repuestos reparables merecen una estrategia propia
No todos los repuestos tienen que comprarse nuevos cada vez que fallan.
Motores, reductores, bombas, tarjetas electrónicas, servomotores y muchos otros componentes pueden repararse.
Esto abre una posibilidad interesante: establecer un circuito de reparables.
El componente averiado se sustituye por otro disponible, pero no desaparece del sistema.
Se envía a reparar, se verifica y vuelve al almacén como unidad disponible para una futura intervención.
Cuando este circuito funciona correctamente puede reducir significativamente la inversión necesaria en stock.
Pero necesita disciplina.
Un repuesto averiado colocado en una estantería sin identificar no es un repuesto. Es una avería almacenada.
Y sorprendentemente esto ocurre.
Meses después alguien encuentra la pieza, supone que está disponible y descubre demasiado tarde que precisamente estaba allí porque había fallado.
La identificación del estado debería ser inequívoca:
- Disponible.
- Pendiente de reparar.
- En reparación.
- Reparado pendiente de prueba.
- No reparable.
Parece elemental.
En mantenimiento, muchas de las mejores prácticas lo son.
Lo difícil no es entenderlas.
Es conseguir que se cumplan todos los días.
El conocimiento de los técnicos también forma parte del almacén
Hay un inventario que nunca aparece valorado en contabilidad.
El conocimiento.
En muchas plantas existe una persona que sabe que determinado motor puede sustituirse temporalmente por otro. Alguien recuerda que dos máquinas aparentemente diferentes utilizan la misma tarjeta. Otro técnico sabe qué proveedor puede conseguir una referencia descatalogada o qué modificación se realizó hace años para adaptar un componente equivalente.
Ese conocimiento tiene un enorme valor.
Pero existe un problema.
Puede marcharse de la empresa.
Cuando la gestión de repuestos depende excesivamente de la memoria de determinadas personas, la organización tiene una vulnerabilidad.
Un buen sistema debería intentar convertir ese conocimiento en información compartida.
Equivalencias. Alternativas. Proveedores. Modificaciones realizadas. Referencias sustitutas. Fotografías. Documentación técnica. Equipos compatibles.
Cuanta más información exista alrededor de un repuesto crítico, menor será la dependencia de una única persona cuando aparezca la emergencia.
Porque una avería a las tres de la madrugada no es el mejor momento para descubrir que la única persona que conoce una alternativa está de vacaciones.
También hay que contar los repuestos que nunca utilizamos
En mantenimiento solemos analizar lo que falla.
Deberíamos analizar también lo que no utilizamos.
Un inventario puede contener piezas que llevan diez o quince años sin ningún movimiento.
Eso no significa automáticamente que deban eliminarse.
Quizá sean precisamente los repuestos de baja probabilidad y altísima consecuencia que justifican mantener una unidad durante toda la vida del activo.
Pero deberíamos ser capaces de explicar por qué están allí.
Cada cierto tiempo merece la pena revisar el inventario y preguntarse:
- ¿El equipo sigue instalado?
- ¿La pieza continúa siendo compatible?
- ¿Existe ahora una alternativa comercial?
- ¿El fabricante ha cambiado la referencia?
- ¿Podemos utilizarla en otros equipos?
- ¿Sigue teniendo sentido conservarla?
- ¿Está correctamente almacenada?
- ¿Funciona?
La diferencia entre un stock estratégico y un almacén obsoleto está precisamente en esa revisión.
No se trata de eliminar piezas porque no se utilizan.
Se trata de saber por qué conservamos cada una.
El coste del repuesto debe compararse con el coste del riesgo
Llegamos probablemente a la decisión más difícil.
¿Cuánto dinero debemos inmovilizar en repuestos?
No existe una cifra universal.
Depende de cada planta.
Pero sí existe una forma de plantear correctamente la pregunta.
Supongamos un componente cuyo precio es 15.000 euros.
La probabilidad de fallo es baja.
Su plazo de suministro es cuatro meses.
Si falla, detiene una instalación esencial.
¿Debemos comprarlo?
La respuesta no puede basarse exclusivamente en que 15.000 euros “es mucho dinero”.
Necesitamos entender las consecuencias.
¿Cuánto cuesta una hora de parada?
¿Existe capacidad alternativa?
¿Podemos producir stock previamente?
¿Puede repararse el componente?
¿Hay unidades equivalentes en otros equipos?
¿Existe un servicio de intercambio del fabricante?
¿Podemos contratar una disponibilidad garantizada con el proveedor?
¿Podemos compartir stock con otra planta?
De repente, la decisión deja de ser comprar o no comprar.
Aparecen alternativas.
Y eso es precisamente gestionar.
El objetivo de una política de repuestos críticos no debería ser maximizar el inventario.
Debería ser minimizar el riesgo con un coste razonable.
Los proveedores también pueden formar parte de nuestro stock
No todo tiene que estar físicamente dentro de nuestra fábrica.
Para determinados componentes podemos establecer acuerdos con proveedores que garanticen disponibilidad, consignación o tiempos máximos de entrega.
También existen situaciones en las que varias plantas de un mismo grupo pueden compartir repuestos de muy alto valor y baja tasa de fallo.
Incluso puede resultar interesante conocer qué componentes mantiene disponibles el propio fabricante para asistencia técnica.
Todo esto amplía el concepto tradicional de almacén.
Nuestro stock efectivo no es únicamente aquello que está en nuestras estanterías.
Es aquello a lo que podemos acceder dentro del tiempo que nuestro proceso puede soportar.
Esta última condición es fundamental.
Un proveedor que garantiza entrega en 48 horas puede ser perfectamente válido para una instalación capaz de asumir dos días de parada.
Puede ser completamente insuficiente para una línea que pierde decenas de miles de euros cada hora.
De nuevo, no existe una solución universal.
Existe una solución coherente con el riesgo.
Cómo empezar a identificar los repuestos críticos
Cuando una planta tiene miles de referencias, plantear una revisión completa puede resultar abrumador.
No hace falta empezar por todo.
Podemos empezar por aquello que realmente importa.
Primero, identificar los equipos cuya parada tiene mayores consecuencias para producción, seguridad, calidad o medio ambiente.
Después, analizar sus modos de fallo principales y los componentes necesarios para recuperar el funcionamiento.
A continuación, estudiar para cada referencia su disponibilidad, plazo de suministro, posibilidad de reparación, alternativas y compatibilidad con otros equipos.
Finalmente, comparar el riesgo de no disponer del componente con el coste de mantenerlo.
Este trabajo suele producir resultados interesantes.
Aparecen piezas que todo el mundo consideraba imprescindibles y que pueden conseguirse en pocas horas.
Y aparecen pequeños componentes a los que nadie había prestado atención cuyo plazo de suministro puede detener una instalación durante semanas.
Ahí está el verdadero valor del análisis.
No en producir otra clasificación.
Sino en descubrir vulnerabilidades antes de que las descubra una avería.
La mejor emergencia es la que analizamos antes de que ocurra
En mantenimiento industrial existe una diferencia enorme entre resolver una emergencia y prepararse para ella.
Cuando una máquina crítica se detiene, muchas decisiones dejan de ser decisiones.
Se convierten en urgencias.
Pagamos transportes especiales.
Aceptamos precios que en otras circunstancias negociaríamos.
Buscamos componentes en cualquier lugar.
Llamamos a proveedores fuera de horario.
Improvisamos adaptaciones.
Todo puede estar justificado porque cada hora cuenta.
Pero precisamente por eso deberíamos intentar que las decisiones importantes se tomen antes.
Con la máquina funcionando.
Con producción trabajando.
Con tiempo para comparar alternativas.
Ese es probablemente el mejor momento para preguntarnos:
¿Qué podría pararnos durante varios días simplemente porque no tenemos una pieza?
La respuesta puede sorprendernos.
Los repuestos críticos también forman parte del mantenimiento preventivo
Normalmente asociamos el mantenimiento preventivo con intervenciones sobre los equipos.
Cambios de aceite.
Inspecciones.
Ajustes.
Sustituciones programadas.
Pero garantizar que tendremos disponibles determinados componentes cuando se produzca un fallo también es una forma de prevención.
No evita necesariamente la avería.
Evita que sus consecuencias sean mayores.
Y esa distinción es importante.
No todas las acciones de mantenimiento deben dirigirse a reducir la probabilidad de fallo. Algunas tienen como objetivo reducir sus consecuencias.
La redundancia hace eso.
La formación técnica hace eso.
Los procedimientos de emergencia hacen eso.
Y el stock adecuado de repuestos críticos también.
Por eso su gestión debería estar integrada en la estrategia de mantenimiento industrial y no considerarse exclusivamente un problema de compras o almacén.
Compras puede negociar magníficamente un componente.
Almacén puede conservarlo perfectamente.
Pero mantenimiento debe ayudar a determinar qué componente necesitamos proteger y por qué.
Un almacén excelente no se mide por lo lleno que está
Después de muchos años observando cómo funcionan las organizaciones industriales, resulta fácil encontrar dos extremos.
En uno están las plantas que guardan prácticamente todo.
En el otro, aquellas que intentan reducir inventario hasta límites en los que cualquier avería extraordinaria se convierte en una carrera contra el reloj.
Ninguno de los dos extremos garantiza una buena gestión.
La excelencia está en el criterio.
Tener exactamente aquello cuya ausencia supone un riesgo que no estamos dispuestos a asumir.
No conservar lo que podemos obtener dentro de un plazo perfectamente aceptable.
Revisar periódicamente ambas decisiones.
Porque un almacén de mantenimiento debería parecerse mucho más a una póliza de seguros que a una colección de piezas.
Esperamos no necesitar determinados repuestos durante años.
Incluso podemos desear no utilizarlos nunca.
Pero si llega el día en que son necesarios, su valor no será el que figura en el inventario.
Su valor será el tiempo de parada que consiguen evitar.
En SERBUSA
En SERBUSA llevamos más de 30 años trabajando junto a empresas industriales y sabemos que muchas de las situaciones más costosas de mantenimiento industrial no empiezan necesariamente con una avería especialmente compleja.
A veces empiezan con algo mucho más sencillo.
La pieza que necesitamos no está.
Gestionar correctamente los repuestos críticos significa conocer la realidad de cada planta, entender qué equipos condicionan la producción, analizar las consecuencias de sus fallos y decidir qué componentes debemos tener disponibles para recuperar el funcionamiento dentro de un plazo asumible.
No se trata de llenar almacenes.
Tampoco de reducirlos hasta que cualquier incidencia se convierta en una emergencia.
Se trata de encontrar el equilibrio entre inversión, disponibilidad y riesgo.
La experiencia también nos enseña que ese equilibrio cambia con el tiempo. Cambian las máquinas, los proveedores, los plazos de suministro, las tecnologías y la propia producción. Un repuesto que ayer no era crítico puede serlo mañana. Otro que llevamos almacenando diez años puede haber dejado de tener sentido.
Por eso gestionar los repuestos forma parte de gestionar el mantenimiento.
Y quizá exista una pregunta sencilla que cualquier responsable de mantenimiento debería hacerse al terminar de leer este artículo:
Si mañana se detuviera el equipo más crítico de nuestra planta, ¿qué pieza podría impedirnos volver a ponerlo en marcha?
Si conocemos la respuesta y tenemos una estrategia preparada, estaremos gestionando el riesgo.
Si no la conocemos, probablemente sea mejor descubrirla ahora.
Porque el peor momento para identificar un repuesto crítico es precisamente cuando la máquina ya está parada.
Leave a comment: